• RAÚL GÓMEZ JATTIN, POETA MALDITO


     

    RAÚL GÓMEZ JATTIN, poeta maldito 

    RAÚL GÓMEZ JATTIN. (Cartagena de Indias, 1945 - 1997). Se trasladó a Bogotá donde comenzó a estudiar Derecho. Allí, aparte de sus estudios se dedicó al teatro, participando como actor en varios montajes y haciendo adaptaciones de obras literarias que se dieron a conocer principalmente en la revista literaria Puesto de Combate. En 1989 vuelve a Cartagena, donde muere atropellado por un bus sin que haya sido posible determinar si se trató de un accidente o un suicidio.
    Obra. Sus poemas están relacionados profundamente con la naturaleza y el amor. Dedica una buena parte de su poesía a narrar parte de sus experiencias sexuales, las cuales une a su concepción profunda de la naturaleza, en donde todo en ella es susceptible de ser penetrado; concibiendo que la gran religión es la metafísica del sexo. Otra parte importante de su poesía está dedicada al paisaje y la vida en los pueblos cercanos a la rivera del río Sinú. En ellos habla de las frutas, los animales y el paisaje de esta zona del norte de Colombia.

    Obras publicadas: Poemas (1980)
    Retratos (1980-1986)
    Amanecer en el valle del Sinú (1983-1986)
    Del Amor (1982-1987)
    Hijos del tiempo
    Esplendor de la mariposa (1993).
    Los poetas, amor mío... (1999) -Libro póstumo-.
    El libro de la locura (2000) -Libro póstumo-.


     

    EL DIOS QUE ADORA

    Son un dios en mi pueblo y mi valle
    No porque me adoren Sino porque yo lo hago
    Porque me inclino ante quien me regala
    unas granadillas o una sonrisa de su heredad
    O porque voy donde sus habitantes recios
    a mendigar una moneda o una camisa y me la dan
    Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán
    y lo nombro en mis versos Porque soy solo
    Porque dormí siete meses en una mecedora
    y cinco en las aceras de una ciudad
    Porque a la riqueza miro de perfil
    mas no con odio Porque amo a quien ama
    Porque sé cultivar naranjos y vegetales
    aún en la canícula Porque tengo un compadre
    a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio
    Porque no soy bueno de una manera conocida
    Porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie
    que me lava el alma Porque nací en mayo
    Porque mi madre me abandonó cuando
    precisamente
    más la necesitaba Porque cuando estoy enfermo
    voy al hospital de caridad Porque sobre todo
    respeto solo al que lo hace conmigo Al que trabaja
    cada día un pan amargo y solitario y disputado
    como estos versos míos que le robo a la muerte.


     

    CASI OBSCENO

    Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
    el rubor de tu rostro sería la recompensa
    Son palabras tan íntimas como mi propia carne
    que padece el dolor de tu implacable recuerdo

    Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
    Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
    Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
    en el momento más inesperado y como por azar
    lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

    No soy malvado Trato de enamorarte
    Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
    y entrar en el maleficio de tu cuerpo
    como un río que teme al mar pero siempre muere en él

    Raúl Gómez Jattin (Cartagena, 1945-1997)
    Libros publicados: Poemas (1980); Retratos (1986); Amanecer en el valle del Sinú (1986); Del amor (1987); Hijos del tiempo; El esplendor de la mariposa.

     

    UN PROBABLE CONSTANTINO CAVAFIS A LOS 19

    Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas
    El amor entre hombres
    Fumar marihuana
    Y escribir poemas

    Mañana se levantará pasado el mediodía
    Tendrá rotos los labios
    Rojos los ojos
    Y otro papel enemigo

    Le dolerán los labios
    Y le arderán los ojos como colillas encendidas
    Y ese poema tampoco expresará su llanto


    DE LO QUE SOY

    En este cuerpo
    en el cual la vida ya anochece
    vivo yo
    Vientre blando y cabeza calva
    Pocos dientes
    Y yo adentro
    como un condenado
    Estoy adentro y estoy enamorado
    y estoy viejo
    Descifro mi dolor con la poesía
    y el resultado es especialmente doloroso
    voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
    voces quebradas: pasaron ya tus días

    La poesía es la única compañera
    acostúmbrate a sus cuchillos
    que es la única


    ME DEFIENDO

    Antes de devorarle su entraña pensativa
    Antes de ofenderlo de gesto y palabra
    Antes de derribarlo
    Valorad al loco
    Su indiscutible propensión a la poesía
    Su árbol que le crece por la boca
    con raíces enredadas en el cielo

    Él nos representa ante el mundo
    con su sensibilidad dolorosa como un parto

     

    Raúl Gómez Jattin su voz lírica

    Por PAUL BRITO RAMOS

    Raúl Gómez Jattin es ese poeta colombiano que se fue volviendo loco y terminó bajo las llantas de un autobús en Cartagena de Indias el 22 de mayo de 1997. Esto de ‘poeta’, de ‘loco’ y de ‘muerte’ o ‘suicidio’ no sería una combinación sorprendente si no fuera porque es uno de los poetas más talentosos y logrados que ha dado Colombia en las últimas décadas.

    Nacido el 31 de mayo de 1945 en Cereté, en el norteño departamento de Córdoba, en medio del Valle del Sinú, Gómez Jattin, hijo de padre español y madre árabe, recibió de parte del primero una gran influencia cultural e intelectual, y de su madre, un cargado influjo emocional y psicológico. El señor Joaquín Gómez, como se llamaba su padre, quería verlo convertido en un gran abogado; Raúl cedió y se fue a estudiar a Bogotá, pero terminó enganchado en el teatro y, de paso, en la marihuana.

    La larga tensión edípica con su madre tampoco resultó muy beneficiosa. Su profesor de teatro de esa época cuenta la vez que fue con su esposa de luna de miel a Cereté y se hospedó en la casa de la Niña Lola (como le decían a la madre de Raúl): “Mi esposa entró al cuarto a preguntarle algo a la Niña Lola y la encontró dándole el pecho a Raúl, que era ya un hombre de 25 años. Y cuando ya nos volvíamos a Bogotá, ella me dijo, ‘Cuida a Raúl, que es un niño grande’”.

    Cuando su padre murió, a finales de 1976, Raúl comenzó a dar muestras de demencia. Gabriel Chadid, su medio hermano, recuerda aquellos días: “Mientras el viejo estuvo enfermo, Raúl permaneció muy drogado y no toleró la idea de la muerte. Una vez fallecido nuestro padre, se enloqueció. Se quitó la ropa, se desnudó. Se había quemado, sacado los dientes, se afeitó el cabello y las cejas. Siempre había sido un neurótico como nosotros. Desde entonces se volvió sicótico”.

    Comenzaría así un largo recorrido por hospitales siquiátricos y cárceles. Raúl prefería las cárceles porque “en los manicomios hay mucho loco”, decía. Al mismo tiempo, sin embargo, iba escribiendo con mucha sobriedad y lucidez maravillosos libros de poesía como Tríptico cereteano, Hijos del tiempo y El esplendor de la mariposa, siempre debatiéndose entre sus dos personalidades: el loco agresivo que la emprende contra sus amigos y seres queridos, y el que se muestra amoroso, sensible y exquisito. “Tengo un corazón de mango, pero no te encuentres conmigo”, advierte en un poema. Y en otro, con el nombre de ‘Conjuro’...

    Los habitantes de mi aldea/ dicen que soy un hombre/ despreciable y peligroso/ y no andan muy equivocados/ Despreciable y peligroso/ eso han hecho de mí la poesía y el amor/ Señores habitantes/ Tranquilos/ que sólo a mí/ suelo hacer daño”.

     

     

     

    “Gómez Jattin —dice una vieja reseña de 1984 en el periódico El Universal— surgió como auténtica revelación de la poesía en el norte del país, recreando temas que van desde las bellezas naturales, a orillas del río Sinú, hasta sus propios conflictos existenciales, que el poeta escruta con ironía y desencanto. Gómez Jattin ha hecho a través de sus trabajos una revisión cruda de su vida en distintas fases, mirándose en ocasiones a través de personajes. Su observación, plena de categórica lucidez, acostumbra a oscilar entre un sarcasmo frontal, a veces abatido, y una rémora de ternura protectora”.

    “Era el único poeta maldito que se acostaba temprano”, dice su amiga, la artista plástica Bibiana Vélez. “Pasaba días enteros colgado en una hamaca. Ahí hacía de todo: comía, leía, escribía. Decía que la hamaca es un instrumento de una cuerda suspendido en el vacío desde el cielo. Tenía un vozarrón de acero y una carcajada espectacular, comilón y agradablemente obsceno”.

    En los últimos años, Raúl acepta su homosexualidad, “pero cuando yo lo conocí —afirma Bibiana Vélez— sentí que el amor ya no le interesaba. Antes sí, se enamoraba, pero ahora me parecía que había dejado a un lado eso o había reprimido sus impulsos, o estaba en otras cosas. No sé. Vivía repitiéndome: Bibiana, como decía Stendhal, el amor es una enfermedad; ¡lo importante es la amistad!”.

    En una ocasión se presentó en un recital en Medellín vestido totalmente de rojo, hasta las sandalias, y sin libro alguno, y además sin los lentes que necesitaba para leer. Había lleno total en el auditorio y el público lo aclamaba. “¿Por cuál canción quieren que comience?”, preguntó con total seriedad, refiriéndose a las canciones de Joan Manuel Serrat al que idolatraba. Cuando le dijeron que lo que tenía que hacer era leer sus poemas, se probó varios lentes que le prestó el público, despreció los que le parecían muy comunes y se quedó con uno de esos que parecen de gato. También un libro suyo tuvo que proceder del público.

    Su lectura conmovió. La gente lo aplaudió con euforia. Al ver que Raúl se ponía de pie para irse, el dueño del libro se lo pidió amablemente. Raúl se lo metió bajo el brazo y le dijo: “¡Pero si lo escribí yo!”, y acto seguido se marchó.

    El escritor inglés Gerald Martin relata así otra de sus intervenciones en público: “En el Centro de Convenciones de la ciudad de Cartagena, durante el Festival Internacional de Poesía de 1991, tres mil personas ovacionaron por varios minutos a un poeta más bien desconocido que casi descalzo y con la voz un poco cansada leyó sus poemas.

    Nadie como ese personaje desgarbado logró conmover así a la multitud”. “La lectura de Raúl fue una especie de ceremonia sagrada”, asegura el poeta y editor Mauricio Contreras. “Cuando él descendió —escribe Ricardo Vélez— todos se pusieron de pie para saludarlo, y él, sin darse cuenta, dejó al presidente Gaviria con la mano extendida. Era un poeta de masas”.

    Aunque Raúl completó su proceso de autodestrucción: drogadicto, loco, mendigo y finalmente muerto trágicamente, su poesía siguió un proceso más elevado y sutil. Trascendió, se libró de las ataduras que le imponen a los perturbados. “Mi poesía es metafísica”, decía él mismo. Por eso su voz lírica podía descender a los niveles más ordinarios y conservar su equilibrio, su lucidez y su belleza:

    La cocinera hace de todo / Se levanta la falda/ y lo trepa a uno a su pubis / Te pone las manos/ en las nalgas y te culea en esa ciénaga insondable/ de su torpe lujuria de ancha boca”.

    Como advertencia sobre su propia condición, nos dejó una sabia recomendación: “Antes de devorarle su entraña pensativa/ Antes de ofenderlo de gesto y palabra/ Antes de derribarlo/ Valorad al loco/ Su indiscutible propensión a la poesía/ Su árbol que le crece por la boca/ con raíces enredadas en el cielo./ Él nos representa ante el mundo/ con su sensibilidad dolorosa como un parto”.

     

     

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    AURELIO ARTURO, MÁXIMO POETA DEL SIGLO XX

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    AURELIO ARTURO, GRAN POETA DEL SIGLO XX

     

    Aurelio Arturo (La Unión, Nariño, 1906 – Bogotá 1974).

    Poeta puro, a pesar de su breve obra es el menos contaminado de motivos y sentimientos ajenos a la lírica; la mirada a la tierra y el rigor estético predominan en quien, como Octavio Paz, en materia de escritura prefería las fuentes íntimas a los océanos clamorosos.

    Su poema “Morada al Sur”, que incluimos en esta muestra de su obra,  figura en todas las antologías.

    PALABRA

    Cabelleras y sueños confundidos

    cubren los cuerpos como sordos musgos

    en la noche, en la sombra bordadora

    de terciopelos hondos y olvidos.

    Oros rielan el cielo como picos

    de aves que se abatieran en bandadas,

    negra comba incrustada de oros vivos,

    sobre aquel gran silencio de cadáveres.

    Y así solo, salvado de la sombra,

    junto a la biblioteca donde vaga

    rumor de añosos troncos, oigo alzarse

    como el clamor ilímite de un valle.

    Ronco tambor entre la noche suena

    cuando están todos muertos, cuando todos,

    en el sueño, en la muerte, callan llenos

    de un silencio tan hondo como un grito.

    Róndeme el sueño de sedosas alas,

    róndeme cual laurel de oscuras hojas

    mas oh el gran huracán de los silencios

    hondos, de los silencios clamorosos.

    Y junto a aquel vivac de viejos libros,

    mientras sombra y silencio mueve, sorda

    la noche que simula una arboleda,

    te busco en las honduras prodigiosas,

    ígnea, voraz, palabra encadenada.

     

    SILENCIO

    Todavía

    Cantaba una mujer, cantaba

    sola creyéndose en la noche,

    en la noche, felposo valle.

    Cantaba y cuanto es dulce

    la voz de una mujer, esa lo era.

    Fluía de su labio

    amorosa la vida...

    la vida cuando ha sido bella.

    Cantaba una mujer

    como en un hondo bosque, y sin mirarla

    yo la sabía tan dulce, tan hermosa.

    Cantaba, todavía

    canta...

     

    MORADA AL SUR

    I
    EN LAS NOCHES MESTIZAS que subían de la hierba,
    jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
    estremecían la tierra con su casco de bronce.
    Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

    Después, de entre grandes hojas, salía lento el mundo.
    La ancha tierra siempre cubierta con pieles de soles.
    (Reyes habían ardido, reinas blancas, blandas,
    sepultadas dentro de árboles gemían aún en la espesura).

    Miraba el paisaje, sus ojos verdes, cándidos.
    Una vaca sola, llena de grandes manchas,
    revolcada en la noche de luna, cuando la luna sesga,
    es como el pájaro toche en la rama, "llamita", "manzana de miel"

    El agua límpida, de vastos cielos, doméstica se arrulla.
    Pero ya en la represa, salta la bella fuerza,
    con majestad de vacada que rebasa los pastales.
    Y un ala verde. tímida, levanta toda la llanura.

    El viento viene, viene vestido de follajes,
    y se detiene y duda ante las puertas grandes,
    abiertas a las salas, a los patios, las trojes.

    Y se duerme en el viejo portal donde el silencio
    es un maduro gajo de fragantes nostalgias.

    Al mediodía la luz fluye de esa naranja,
    en el centro del patio que barrieron los criados.
    (El más viejo de ellos en el suelo sentado,
    su sueño, mosca zumbante sobre su frente lenta).

    No todo era rudeza, un áureo hilo de ensueño
    se enredaba a la pulpa de mis encantamientos.
    Y si al norte el viejo bosque tiene un tic-tac profundo,
    al sur el curvo viento trae franjas de aroma.

    (Yo miro las montañas. Sobre los largos muslos
    de la nodriza, el sueno me alarga los cabellos).

     

    II
    Y AQUÍ principia, en este torso de árbol,
    en este umbral pulido por tantos pasos muertos,
    la casa grande entre sus frescos ramos.
    En sus rincones ángeles de sombra y de secreto.

    En esas cámaras yo vi la faz de la luz pura.
    Pero cuando las sombras las poblaban de musgos,
    allí, mimosa y cauta, ponía entre mis manos,
    sus lunas más hermosas la noche de las fábulas.

    Entre años, entre árboles, circuida
    por un vuelo de pájaros, guirnalda cuidadosa,
    casa grande, blanco muro, piedra y ricas maderas,
    a la orilla de este verde tumbo, de este oleaje poderoso.

    En el umbral de roble demoraba,
    hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
    el alto grupo de hombres entre sombras oblicuas,
    demoraba entre el humo lento alumbrado de remembranzas:

    Oh voces manchadas del tenaz paisaje, llenas
    del ruido de tan hermosos caballos que galopan bajo asombrosas ramas.
    Yo subí a las montañas, también hechas de sueños,
    yo ascendí, yo subí a las montañas donde un grito
    persiste entre las alas de palomas salvajes.

    Te hablo de días circuidos por los más finos árboles:
    te hablo de las vastas noches alumbradas
    por una estrella de menta que enciende toda sangre:

    te hablo de la sangre que canta como una gota solitaria
    que cae eternamente en la sombra, encendida:

    te hablo de un bosque extasiado que existe
    sólo para el oído, y que en el fondo de las noches pulsa
    violas, arpas, laúdes y lluvias sempiternas.

    Te hablo también: entre maderas, entre resinas,
    entre millares de hojas inquietas, de una sola hoja:
    pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia,
    hoja sola en que vibran los vientos que corrieron
    por los bellos países donde el verde-es de todos los colores,
    los vientos que cantaron por los países de Colombia.

    Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a cielos,
    que tiemblan temerosos entre alas azules:

    te hablo de una voz que me es brisa constante,
    en mi canción moviendo toda palabra mía,
    como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente,
    toda hoja, noche y día, suavemente en el sur.

     

    III
    EN EL UMBRAL de roble demoraba,
    hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito,
    un viento ya sin fuerza, un viento remansado
    que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio.

    Y yo volvía, volvía por los largos recintos
    que tardara quince años en recorrer, volvía.

    Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando
    temblando temeroso, con un pie en una cámara
    hechizada, y el otro a la orilla del valle
    donde hierve la noche estrellada, la noche
    que arde vorazmente en una llama tácita.

    Y a la mitad del camino de mi canto temblando
    me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas,
    con tanta angustia, una ave que agoniza, cual pudo,
    mi corazón luchando entre cielos atroces

     

    IV
    DUERME ahora en la cámara de la lanza rota en las batallas.
    Manos de cera vuelan sobre tu frente donde murmuran
    las abejas doradas de la fiebre, duerme.
    El río sube por los arbustos, por las lianas, se acerca,
    y su voz es tan vasta y su voz es tan llena.
    Y le dices, repites: ¿Eres mi padre? Llenas el mundo
    de tu aliento saludable, llenas la atmósfera.
    Soy el profundo río de los mantos suntuosos.

    Duerme quince años fulgentes, la noche ya ha cosido
    suavemente tus párpados, como dos hojas más, a su follaje negro.

    No eran jardines, no eran atmósferas delirantes. Tú te acuerdas
    de esa tierra protegida por una ala perpetua de palomas.
    Tantas, tantas mujeres bellas, fuertes, no, no eran
    brisas visibles, no eran aromas palpables, la luz que venía
    con tan cambiantes trajes, entre linos, entre rosas ardientes.
    ¿Era tu dulce tierra cantando, tu carne milagrosa, tu sangre ?

    Todos los cedros callan, todos los robles callan.
    Y junto al árbol rojo donde el cielo se posa,
    hay un caballo negro con soles en las ancas,
    y en cuyo ojo líquido habita una centella.
    Hay un caballo, el mío, y oigo una voz que dice:
    "Es el potro más bello en tierras de tu padre".

    En el umbral gastado persiste un viento fiel,
    repitiendo una sílaba que brilla por instantes.
    Una hoja fina aún lleva su delgada frescura
    de un extremo a otro extremo del año.
    "Torna, torna a esta tierra donde es dulce la vida".

     

    V
    HE ESCRITO un viento, un soplo vivo
    del viento entre fragancias, entre hierbas
    mágicas; he narrado
    el viento; sólo un poco de viento.

    Noche, sombra hasta el fin, entre las secas
    ramas, entre follajes, nidos rotos—entre años—
    rebrillaban las lunas de cáscara de huevo,
    las grandes lunas llenas de silencio y de espanto.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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    RUFINO JOSE CUERVO, NUESTRO GRAN FILÓLOGO

    Rufino José Cuervo

     

    (Bogotá 1844 – París 1911)

    Miembro honorario y correspondiente por Colombia de la Real Academia, es nuestro más grande filólogo; a su monumental “Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana” se unen obras como “Anotaciones críticas al lenguaje bogotano” y “El castellano en América”

     

    Nada, en nuestro sentir, simboliza tan cumplidamente la patria como la lengua: en ésta se encarna cuanto hay de más dulce ycaro para el individuo y la familia, desde la oración aprendida del labio materno y los cuentos referidos al amor de la lumbre hasta la desolación que traen la muerte de los padres y el apagamiento del hogar; un cantarcillo popular evoca la imagen de alegres fiestas y un himno guerrero,la de gloriosas victorias; en una tierra extraña,aunque halláramos campos iguales a aquellos en que jugábamos de niños, y viéramos allí casas como aquellas donde se columpió nuestra cuna, nos dice el corazón que, si no oyéramos los acentos de la lengua nativa, deshecha toda ilusión, siempre nos reputaríamos extranjeros y suspiraríamos por las auras de la patria.

    La lengua ha de considerarse como un conjunto de hechos que se explican históricamente,y no ha de ofrecerse regla ni teoría que no represente hechos o no se funde en hechos comprobados.

    En todos los pueblos cultos y de civilización tradicional, la lengua literaria es como tipo

    ideal en que los muertos tienen tanta representación como los vivos; y ya que es imposible evitar la evolución fatal del lenguaje, que tiende a diferenciarlo, sobre todo cuando se habla en vastos territorios cuyas fracciones tienen vida propia y elementos de cultura más o menos diversos, todos los esfuerzos han de concurrir a conservar la pureza de ese tipo.

    Tal evolución se realiza por fuerza en todas partes, en España como en América, y

    si con sinceridad se desea mantener la unidad del habla literaria, única posible, tanto

    españoles como americanos han de poner algo de su parte para lograrlo.

    (Archivo Instituto Caro y Cuervo)

     

     

     

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    JUAN GABRIEL VASQUEZ, ENSAYISTA Y NARRADOR

    JUAN GABRIEL VASQUEZ: UNA ESCRITURA DE HONDAS RAÍCES COLOMBIANA

     

    Nació en Bogotá en 1973 y desde hace 10 años vive en Barcelona, previo paso por Bélgica y por París donde estuvo tres años estudiando literatura latinoamericana. Su vida en España ha sido de trabajo como traductor y periodista y dedicación a la creación literaria, hasta situarse en primera línea de las letras colombianas.

    Ha tenido como editor a Alfaguara que en 2001 publicó su libro de relatos “Los amantes de Todos los Santos”; pero es en los últimos cuatro años cuando ha conseguido mayor consagración con las novelas “Los informantes” (2004) e “Historia secreta de Costaguana” (2007), “dos títulos que le han colocado entre las mejores voces de la narrativa castellana contemporánea”, según las califica un autorizado crítico en el diario El País. Estas novelas han recibido varios premios y circulan por España, América Latina y otros países, traducidas a diferentes idiomas.

    Recientemente ha publicado “El arte de la distorsión”, recolección de 17 artículos escritos para diferentes revistas y diarios, libro que sido recibido por la crítica como una “brillante, sugerente reflexión sobre el hecho de escribir y la literatura en estos tiempos”. El arte de la distorsión”, ensayo que da título a este volumen, ganó el Premio Simón Bolívar de Periodismo en Colombia.

    Aunque vive en Barcelona, la temática que nutre las novelas de Juan Gabriel Vásquez tiene sus raíces en Colombia, en cuya historia y circunstancia ha encontrado personajes y tramas que entrega al lector con hábil fuerza narrativa.

     

     

     

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    ANGELA BECERRA, GANADORA DEL PREMIO PLANETA

     

    Ángela Becerra, ganadora del premio Planeta de novela

     

    Nació en Cali y ha vivido por más de 22 años en España. En Barcelona trabajo varios años como publicista y luego cambió su vida para dedicarse a la pasión de escribir. En editoriales españolas ha publicado “Alma Abierta” (2001), obra poética y luego las novelas “De los amores negados” (2003), “El penúltimo sueño (2005)”, “Lo que le falta al tiempo” (2007), que, en ambos lados del Atlántico, han tenido gran acogida y numerosos lectores, tanto en las versiones en español como en las traducciones a otros idiomas. Con su última novela “Ella que lo tuvo todo” ha conseguido el premio Planeta- Casa de América, dotado con 200 mil dólares y consagratorio galardón en literatura de lengua castellana, el cual se falló entre escritores de siete países y un total de 493 originales.

    -Como colombiana, ¿cuál es la visión que tiene su país?

    --Falta que los colombianos crean más en su capacidad de cambio y superación. Colombia es un país que está superando un largo via-crucis y necesita toda la energía y optimismo de su gente para continuar ese cambio. Todos los países tienen su luz y su sombra, pero aunque la sombra colombiana es alargada yo siempre me acuerdo de lo bueno y siempre hay algo que me pide volver.

     


     

     

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    DASSO SALDIVAR, BIÓGRAFO DE GARCÍA MÁRQUEZ


    DASSO SALDÍVAR


    Escritor y periodista, vive en Madrid hace 35 años, en sintonía con la literatura colombiana y sus vivencias de los primeros años en Antioquia. 

    Nació en San Julián (Antioquia) en 1951. Hizo bachillerato en el Liceo Antioqueño de Medellín, y comenzó estudios de Derecho en la Universidad de Antioquia, que dejó para venirse a España. Cursó Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y vive en Madrid desde 1975. Ha ejercido la crítica literaria y el periodismo en diversos periódicos y revistas de América y Europa, y ha trabajado como asesor y redactor de programas culturales de Televisión Española.  

    Su libro más famoso es “García Márquez: El viaje a la semilla” (Alfaguara 1997) el cual ha tenido traducciones a más de 15 idiomas. También ha publicado XIX del siglo XX” sobre 19 de los más notables escritores colombianos del siglo pasado. Trabaja desde hace años en una obra de ficción sobre Manuelita Sáenz, que se llamará “La subasta del fuego” y en varias novelas referidas a la infancia en una finca cafetera, la primero de las cuales sería “Los soles de Amalfi”.

    Sobre su nombre ha escrito: “Fue en segundo de bachillerato, al empezar a escribir y publicar mis primeras cositas, cuando me inventé el pseudónimo de Dasso Saldívar. Dasso viene de Darío Antonio Sepúlveda Ochoa, luego le agregué otra s por mi admiración a Picasso. (…) Aunque pueda parecer lo contrario nunca me ha gustado llamar mucho la atención sobre mi persona, ni para bien ni para mal. Así me sentí contento cuando mis amigos y compañeros del Liceo Antioqueño leían mis cosas en la prensa, pero más cómodo y divertido me sentía cuando muchos no sabían quién era ese tal Dasso Saldívar. Lo cierto es que estando ya en Madrid, un día quise dejar el seudónimo, pero el juego se había vuelto tan serio que me fue imposible firmar cualquier texto con mi nombre de pila. De hecho, no estoy seguro de que Dasso Saldívar y Darío Sepúlveda sean la misma persona”

     

     

     

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    Saramago confiesa que lloró al ser citado por el último rehén liberado por las FARC

    Madrid, 12 feb (EFE).- El escritor portugués José Saramago confiesa, en las páginas de su blog, que lloró al ser citado por el ex-diputado colombiano Sigifredo López, último rehén liberado por las FARC, en la rueda de prensa que ofreció a su llegada a Cali.
    En su página de internet, el Nobel de literatura asegura que tuvo que "romper en sollozos" cuando el político colombiano, para expresar su gratitud a la senadora Piedad Córdoba, principal dirigente del movimiento "Colombianos por la Paz", la comparó con la mujer del médico de "Ensayo sobre la ceguera".
    "Pónganse en mi lugar", afirma Saramago en el artículo publicado en su blog el pasado día 9, "miles de kilómetros me separaban de aquellas imágenes y de aquellas palabras y el pobre de mí, deshecho en lágrimas, no tuvo otro remedio que refugiarse en Pilar (su mujer) y dejarlas correr".
    El escritor reconoce la emoción que supuso para él las palabras del diputado colombiano y asegura que "toda mi existencia de hombre y de escritor queda justificada por ese momento".
    El texto de Saramago concluye con un sencillo "gracias, Sigifredo".

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