MEIRA DEL MAR, POETISA DEL DESAMOR
MEIRA DELMAR, POETISA DEL DESAMOR
MEIRA DELMAR. Olga Chams Eljach, (Barranquilla , Colombia, 1922-2009)
Su verdadero nombre era Olga Chams Eljach, hija de padres libaneses. Realizó sus estudios de Bachillerato en el Colegio Barranquilla para Señoritas y sus estudios superiores en la Escuela de Bellas Artes del centro de estudios Dante Alihieri de Roma (Italia). Es el nombre femenino más destacado de la poesía colombiana de influencia piedracielista. Su obra posee una musicalidad interior, recurriendo con frecuencia a temas sobre el mar y el universo, el amor y los clásicos griegos.
Meira era flor y miel de nuestra patria. Sus antepasados son originarios del Líbano impregnado de antiguas culturas. Las remotas herencias orientales explican la fina y refinada personalidad humana de Olga Chams, capaz de sacrificar un mundo para hallarse a su propia altura.
Bajo el seudónimo de Meira Delmar se ocultó cuando la revista Vanidades de La Habana publicó sus primeros poemas. Su obra literaria resume la unidad de una vida modelada por el ritmo en una honda melodía, jubilosa en los versos marineros con las gaviotas y las barcas pescadoras, lejana en milenios de añoranzas cuando el amor madrugó en romanzas y elegías.
LIBROS PUBLICADOS
* Alba de Olvido (1942)
* Sitio del Amor (1944)
* Verdad del Sueño (1946)
* Secreta Isla (1951)
* Sus Mejores Versos. Antología (1957)
* Poesía (Antología bilingüe en italiano y español, 1970)
* Huésped sin Sombras (1971)
* Reencuentro (1981)
* Laúd Memorioso (1995) y Alguien pasa (1998)
Raíz antigua
No es de ahora este amor.
No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.
No es de ahora. No.
De lejos viene
-de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas-,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.
Muerte mía
La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado,
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.
La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.
¡Otra cosa es la muerte!
Decir tu nombre una
y una vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices: "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".
La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros,
y es saber que pregunta
mi corazón en vano,
ya para siempre en vano,
por tu melancolía.
Otra cosa es la muerte.
El Milagro
Pienso en ti.
La tarde,
no es una tarde más;
es el recuerdo
de aquella, otra, azul,
en que se hizo
el amor en nosotros
como un día la luz en las tinieblas.
Y fue entonces más clara
la estrella, el perfume
del jazmín más cercano,
menos
punzantes las espinas.
Ahora
al evocarlo creo
haber sido testigo
de un milagro.
Reclamo
¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!
Mi vida que era como una agua mansa,
como una agua ceñida...
Antes de ti, qué fácil para el alma
la espera de sus pasos y qué fácil
su ligera partida...!
Antes de ti qué fácil la ventura
frente a la lluvia clara y el silencio
de las tardes dormidas...!
Pero contigo, Amor, la lluvia no es "la lluvia"
ni me da su regalo de sonrisas,
y es tortura el silencio cuando pasa
por las tardes dormidas...
Antes de ti, qué fácil el olvido
del país todo rutas para el sueño
que detrás de tus ojos existía...
Antes de ti, ¡qué fácil el momento
de la estrella primera, sobre el Ángelus
brillando sorprendida!
Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la estrella y olvidar angustia viva...
Cómo tus manos claras, inasibles,
la dulzura me trizan...
Contigo, Amor, este fingido gozo
mientras el alma cuenta sus espinas,
y esta quebrada voz para su nombre,
y este afán inquietando la alegría...
Contigo este decir atribulado...
¡Amor! ¡Amor! Qué has hecho de mi vida!
Corazón
Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.
En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llegó un día
con un paso de niño iluminado.
Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozos repetido.
Y vano el tiempo del amor que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido.
Olvido
Ha de pasar la vida. Ha de llegar la muerte.
He de quedar tendida bajo la tierra, inerte,
insensible, callada, como estatua de cera
que al romperse en pedazos abandonada fuera.
Ya sin brillo los ojos que te siguen ahora
con miradas que besan y besos que te imploran,
y muy quieta la inquieta ambición de caminos
que embriagada me tiene como mágico vino...
Ha de pasar la vida. Ha de llegar el largo
dolor de estar sin verte. Acaso el grito amargo
de tu angustia la tierra estremezca un momento..
Mas, después, poco a poco callará tu lamento.
Y de nuevo otro paso, no mi paso ligero,
a compás con el tuyo cruzará los senderos,
y otro labio ¡no el mío! te dirá que la vida
es hermosa: "...La rama que se da florecida,
el temblor del lucero, y la nube, y el canto,
alegría te enseñan... Es inútil el llanto...!"
Y una vez más el viento jugará con tu risa,
y miel pura en tu boca otra boca sumisa
dejará bien amado, mientras rueda el estío...!
Y tal vez cuando lleguen esos días sombríos,
en que llora la lluvia su dolor lentamente,
y en las sombras el paso del misterio se siente
surgiré en tu recuerdo con aquella encantada
vaguedad de las cosas hace tiempo olvidadas,
que retornan a veces en la luna de oro,
en lo triste de un verso, en el eco sonoro
de un arroyo que pasa... Y dirás: "¿Cómo era
la mujer que yo quise una azul primavera
en que estaban los campos aromados y llenos
de rumores festivos bajo el cielo sereno...?
¿Eran claros sus ojos? ¿me embriagó su dulzura?
¿Sus cabellos... tenían de las mieses maduras
el color milagroso? ¿Era leve su mano?
¿Sonreía? ¿Lloraba? ...". ¡Y tu afán será en vano!
La mujer que quisiste una azul primavera
y cruzó de tu brazo por caminos y eras.
volverá a ti sin llanto, ni color, ni sonrisa
-como un poco de bruma que deshace la brisa
sobre el río cansado -imprecisa, distante,
como estrella que rueda temblorosa un instante
y se pierde en la noche... ¡Y ya nunca sabrás
si me hallaste en la vida o en un sueño no más!
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